Antes
de comenzar, quiero aclarar la tardanza con la entrada. Sé que para aquellos
que me lean, si es que lo han hecho regularmente y me siguen, no es de mucha
importancia. Sin embargo, es algo que considero que todos olvidan y hace que mi
profesión sea tan difícil. La razón por la que no había hecho la entrada del día
viernes 02/02/2018, es porque tengo una vida fuera del liceo.
Claramente,
algunas personas dirán cosas como: “yo también tengo vida fuera de mi trabajo y
eso no afecta mis obligaciones”; “psssss… por favor”; o “estas exagerando”. Pero
la verdad es que, es un poco difícil escribir cuestiones sobre el desempeño
educativo cuando estas envenenado por tu entorno. O sea, es difícil escribir
sobre la maravilla de ver el trabajo de jóvenes y su auto superación, cuando
todo en tu alrededor muestra que tal vez has elegido mal tu carrera.
Es
cierto que, no elegimos esta carrera por la gloria o por el dinero, la elegimos
por la pasión de ser parte del proceso formativo de otros y de un país. No obstante,
es difícil ver este proyecto cuando, una niña (por el solo hecho de quedar
embarazada) gana casi igual o más que tu; cuando, los vagos del pueblo (gente
sin trabajo, bachaqueros, básicamente sanguijuelas sociales) solo por respirar
y porque se acerca una fecha tradicionalmente de vacaciones, le dan un bono
equivalente a tu salario mensual. Sé que, todo esto “se planifico” con un trasfondo
social, debido a la gran depresión económica mi país; pero acá les va unas
preguntas: será que ¿se debe premiar a una persona por ser tan descuidada como
para no usar protección y no cuidar de no quedar embarazada?, una persona que
no es capaz de cuidarse de algo tan simple ¿estará preparada para ser padre o
madre?, ¿es justo todo esto? Y, la más importante de todas, ¿Qué tipo de
mensaje estamos enviando a los futuros profesionales? ¿valdrá la pena estudiar
tanto? si solo con cualquiera de estas tonterías ganaras más.
Por
favor, no confundan todo esto con un simple berrinche, de quien solo le
interesa el dinero. Esto, es solo un desahogo. Ahora sí, sin más preámbulo: la sistematización.
Fecha: 02/02/2018
El
día de hoy me levante muy animado, ya que por fin podré trabajar las acrobacias
aéreas en tela con 4to “A”.
La
primera clase de hoy es el G.C.R.P. (grupo de creación, recreación y participación)
con 3ro “A”. Me carcome un poco el hecho de que el grupo este dividido en dos,
por el trabajo que esto representa y, más que nada, porque uno de estos grupos
es mi favorito. Mi papá, quien al ser muy crítico, no aguarda para hacer
observaciones, siempre me dice: tú eres como un padre o una madre, no puedes
tener “hijos” favoritos. En teoría, tiene razón. Pero, es difícil seguir esta teoría
cuando, evidentemente hay un grupo que se gana mi agrado y otro que no. Creo que
es necesario algo de contexto:
En
una esquina, está el grupo de marketing. Están los estudiantes con las mejores
calificaciones y/o la mejor disposición para trabajar. No necesito estar con
ellos 100% en las clases para que den resultados; de hecho, me siento muy
orgulloso de ellos por su desempeño en las encuestas realizadas el día viernes,
a pesar de la poca colaboración de algunos docentes y compañeros.
En
la otra esquina, está el grupo de peluquería. Hay buenos estudiantes, sin embargo;
son los que, siempre tengo que estar llamándoles la atención; los que, solo
trabajan si es por nota; lo que, tengo que tenerles el ojo encima para que
trabajen (como con los borradores de catálogos que les pedí, donde solo unos
pocos lo hicieron, luego de casi hora y media perdiendo el tiempo).
Entonces,
es muy difícil (para mi) el no tener un favorito.
La
cosa no mejora cuando pasamos a la hora de castellano, les había pedido hacer
unas sencillas exposiciones sobre adjetivos; exposiciones que, al margen de las
bajas expectativas, no estuvieron cerca de ser lo que esperaba. Sin embargo,
hay algo de lo que solo me di cuenta en esa tarde: soy muy suave con ese salón.
Creo que, como al principio 3ro “A” era mi salón preferido, esto quedo en mi
mente, lo que me había jugado (hasta ahora) en mi contra, dándoles una ventaja
considerable con respecto a otros grupos.
Llegada
la hora de clases con 4to “A” y su G.C.R.P.; recuerdo, que las cosas son un
poco más complicadas que solo ir a dar acrobacias:
- Uno de los estudiantes está bajo “régimen especial” por conductas delictivas en contra de su misma familia.
- Muchos de ellos, decidieron no pedir el permiso de sus padres para poder entrenar.
- Debo compartir la cancha con otra docente, porque la coordinadora de recursos del aprendizaje, quien me había asegurado el espacio, no hablo con ella.
Así que primero,
ejecutamos las rutinas que debían preparar para esta clase (que, aunque algunas
no las prepararon, todas fueron muy cómicas y las podrán ver aquí). Luego,
realizamos la evaluación donde ellos debían preparar una micro clase, evaluación
en la cual dejaron mucho que desear; las únicas dos personas que prepararon la
micra clase fue Carlos y Neydi (aunque, Carlos no preparó la clase según lo
pedido, lo que demuestra la poca investigación). y, por último, separé el grupo
en tres: el chico que está en “régimen especial”, haciendo un escrito sobre sus
actos; los que no tienen la autorización para entrenar, haciendo un escrito
sobre que les gustaría hacer en el G.C.R.P.; y lo que sí tienen autorización,
entrenando acrobacias aéreas en tela. Esta situación me lleva a pensar, en lo difícil
de evaluar un grupo de creación, recreación y participación (G.C.R.P), pero
esto lo analizaré, a parte, más abajo. Por el momento, me gustaría terminar con
el registro.
Para esta
clase, decidí llevar a mi sobrino (de seis años y quien ya hace acrobacias aéreas
en tela) para demostrarles a los jóvenes aspirantes a acróbatas que: cualquiera
puede hacerlo. en este entrenamiento, tengo solo cinco estudiantes de 4to “A” y
una hija de una de las profesoras de la institución. Nunca había tenido un
grupo tan talentoso para esta arte, me impresiono mucho la retentiva y la
facilidad con la que desarrollaban cada técnica. Esta clase, fuera de los
hechos en contra, fue todo y más de lo que esperaba.
Llegando ya a
la parte analítica del asunto, creo que es necesario analizar dos cosas
importantes:
1.
¿Por qué la negativa de algunos docentes?
2.
¿Cómo evaluar un G.C.R.P., si estos “no tienen
nota”? y, más allá de eso ¿Cómo hacer que los chamos se interesen? Si hasta los
representantes, no le dan importancia por “no tener nota”.
Comencemos, obviamente,
por lo primero. Y es que, cuando iba a enviar a los jóvenes de 3ro “A” para
hacer las entrevistas, pase salón por salón a pedir el debido permiso; permiso,
que dos profesores se negaron rotundamente y que a pesar de que los demás si lo
dieron, no venía con la garantía de ayuda hacia los jóvenes para realizar la
actividad. Por lo que, al regresar, muchos llegaron con malas expresiones y hasta
maldiciendo a este y aquel docente (con toda razón, debo admitir) por no
haberle apoyado y por hasta haberlo regañado por “no tener dominio de grupo”. Entonces,
mi pregunta va dirigida más a ¿Cómo se supone que haga un cambio? Si, las
personas que se presupone me deben ayudar, son las principales olas que ahogan
al cambio y lo entierran en un mar profundo de negligencia (¿).
Ahora, la
segunda interrogante no está aislada de la primera. Hace rato, antes de
comenzar a escribir esto, me llamo un representante, para preguntarme sobre la autorización
que debe otorgarle a su hija para practicar acrobacias aéreas en tela. Dentro de
toda la quejadera que me expreso ¡algo resalto! Y fue: “profe ¿eso vale nota?” En
pocas palabras, el permiso dependía del hecho de que fue obligatorio o no, no
importa los posibles beneficios de esto, solo importa si vale nota. Así que ¿Cómo
puedo hacer para evaluar estos grupos? Porque hasta el momento, la mayoría de jóvenes
a con los que trabajo en estos grupos muestran actitudes y aptitudes
merecedoras de un informe descriptivo muy negativo, lo que (para que lo
entiendan ellos) iría traducido en cero. Pero, veamos más allá del simple acto
evaluativo y ataquemos el problema real ¿Cómo hacer que se interesen? Si hasta
sus padres los empujan a que “si no es calificado, no importa”. Claro, he
logrado inspirar a varios y he podido hacer que realicen un trabajo
excepcional; pero siento que, no es suficiente. Creo, que el trabajo de todo
docente debe estar orientado a todos sus estudiantes, no solo a un grupo específico.
Así que dejo la pregunta al público: ¿Qué harías tú?
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