Fecha: 30/01/2018
Los
martes, a pesar de la poca carga horaria en cuestiones académicas, suelen ser
sumamente movidos. Hoy, por ejemplo, tuve que dirigir una reunión de padres y
representantes en 3ro “A”, sección de la cual soy docente guía.
Recuerdo
haberme preguntado: ¿Qué carajos hago aquí? Mientras el profesor Walfy, hablaba
y hablaba sin parar sobre sus percepciones. Que, a mi parecer, a nadie le interesó,
y hasta creo que el mismo se aburrió.
Lo
bueno, es que se lograron establecer algunos acuerdos que, supongo, podrían ayudar
a mejorar la situación en el espacio de formación.
Lamentablemente,
me di cuenta de la facilidad con la que soy manipulado por mis estudiantes. Les
había creído, cuando en estos días me juraron que ellos no habían hecho llorar
a la profesora de educación física; hoy vi cómo se reían en mi cara al verse
descubiertos.
Aun
con todo eso, esa reunión no fue lo más incómodo del día.
Luego
de esa reunión, me vi con dos representantes a parte (de Castro y Leandro). Fue
sorprendente la falta de sorpresa de las representantes al “enterarse” que sus
hijos se fugaban de clases para fumar. La representante de Leandro dice: “él
sólo los acompaña, él no fuma”; yo, solo recuerdo a mi madre y todo el tiempo
que la engañe con lo mismo. Esta reunión fue muy intensa, cortesía de Castro y
Leandro y sus pequeños dramas que me niego a creer. Sé que es imposible
comparar el grado de afectación de los problemas, ya que eso es algo muy subjetivo.
Sin embargo, es muy difícil ayudar a alguien quien no quiere. Creo que el
acuerdo de remitirlos con psicólogos especializados para buscar a fondo el
origen de sus comportamientos y ayudarlos, es lo más acertado que logre hoy.
La
clase de castellano con 3ro “B” del día de hoy, no se escapó de la línea de
sorpresas del día:
- Gonzalo ¡entro a clases y participo productivamente en la clase! Por desgracia, es solo por su certeza de que en una semana se irá a Chile. No me quedó más que desearle la mejor de las suertes y que, como dice mi papá, ojalá no tenga la necesidad de volver (porque así sabremos que le está yendo bien).
- Y una cosa, que ya no es sorpresa: la insistencia de algunos de ellos (Karla y Jarrinson en específico) en mentirme y creer que les voy a seguir creyendo. En el caso específico de Karla, me dijo haberlo olvidado el trabajo en la casa y que apenas llegara a su casa, cruzaría la calle y lo llevaba a la mía. 9:44 pm, aún estoy esperando eso.
Ya terminando
el día, debido a un paro de transporte que nos obligó a cesar las actividades a
medio día, y colocándole la cereza al pastel: tuve una charla sobre educación sexual
con una estudiante. Resulta que, la estudiante en cuestión (cuyo nombre permanecerá
anónimo), había venido presentando un comportamiento anímico y un fuera de lo común.
Luego de tres intentos de saber que le estaba sucediendo, por fin se sentó a
hablar conmigo. Al principio, no deseaba decirme, fue solo después de muchas
preguntas y rodeos que llegamos al punto. Resulta que, luego de un par de años
con su novio (cosa que me impresiona, porque tan solo tiene quince años), este
le está pidiendo “la pruebita de amor”. Estas conversaciones siempre se me han
hecho difíciles; por un lado, apenas es una niña; por el otro, es innegable que
dentro de las nuevas construcciones socio culturales, eso ya es algo “normal”. Decidí
entonces, ser neutral y hablar con sinceridad. Espero, que con su gran
inteligencia (porque es muy inteligente) sepa tomar la mejor decisión; porque
al final, es su decisión.
A
veces, siento como si la misma praxis me empuja a convertirme en un ser con corazón
de piedra, insensible e indiferente a las situaciones que afectan a los
estudiantes. Otras veces, siento que no escucho lo suficiente. Si pudiese usar
una metáfora apropiada para la reflexión de hoy, tal vez sería que: debemos
emular a los acróbatas, caminando en la cuerda floja, guardando perfecto
equilibrio, conscientes de las consecuencias del mas mínimo error, pero sin
miedo a cometerlos.
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